1 nov. 2015

La Humildad...
















Mensaje de la Sra Ester para las Educadoras y Consejeras



Es difícil dejar de hacer nuestra voluntad para hacer lo que otra persona nos impone. Imaginemos
que somos príncipes y de repente nuestro padre, el rey, nos dice que tenemos que ir a cumplir
una misión en la cual viviremos en condiciones precarias, completamente diferentes de las comodidades y lujos a los que estábamos acostumbrados. Después de haber vivido cómodamente, dejaríamos nuestra vida de príncipes, estaríamos separados de nuestra familia y pasaríamos necesidades. Sería una decisión difícil porque, por un lado, querríamos obedecer
a nuestro padre, y, por otro, sufriríamos por dejar atrás nuestra vida. Para obedecer tendríamos que confiar en el rey. Tendríamos que creer que el sacrificio que vamos a hacer no es nada en comparación con el resultado de la misión que vamos a realizar. Eso fue lo que hizo el Señor Jesús por nosotros para obedecer a Su padre y por amor a la humanidad. Él se humilló dejando Su cuerpo Celestial para ocupar un cuerpo de carne y hueso, un cuerpo humano. Él mismo lo
afirmó: “Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que Me envió”, (Juan 6:38). El Señor Jesús obedeció a Dios y fue humilde porque no pensó en sí
mismo sino en las personas que necesitaban tener la Salvación. Él vino a la Tierra por nosotros, aunque tenía el derecho de vivir en el mejor lugar que existe, el Cielo. Él es nuestro ejemplo de humildad y obediencia, Jesús se sometió a la voluntad de Dios a pesar de que significaba sacrificarse
por nosotros y separarse de Su padre. Al obedecer a Dios le demostramos confianza, porque Él sabe lo que es mejor para nosotros. En el sermón del monte, Él nos enseñó “Bienaventurados
(felices) los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos”, (Mateo 5:3). Por eso, debemos ser humildes y obedientes, porque solo entrará en el Cielo quien deja de lado su voluntad para hacer la del Todo poderoso.


Ester Bezerra
 

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