28 abr. 2016

¡Asumí tu Fe!






OBJETIVO DE LA LECCIÓN: NO TENER VERGÜENZA DE LA FE.

OBJETIVO: Enseñarles a los niños a asumir su fe, aun cuando todo parece estar perdido, como en el caso de DANIEL EN LA CUEVA DE LOS LEONES.
Dios honra la fe y da una salida sobrenatural.

LECCIÓN
ASUMÍ TU FE

“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.” Daniel 6:10

El rey quería mucho a Daniel y lo puso como uno de los tres presidentes que cuidaban el reino.
A su cargo había 120 sátrapas, que eran como gobernadores.
Algunos de esos presidentes y sátrapas tuvieron envidia y comenzaron a perseguir a Daniel porque tenía un espíritu excelente, hacía todo mucho mejor que los demás, se esforzaba más y el rey lo quería más por ese motivo. Esos envidiosos querían sacarle el poder a Daniel, pero, como él no hacía nada incorrecto, decidieron inventar algo para perjudicarlo.
Entonces, supieron que Daniel oraba tres veces al día.
Aquel era un reino que no tenía nada de Dios, las personas adoraban a otros dioses y no era normal que alguien tuviera un solo Dios.
Es como hoy en día, las personas tienen varias religiones, muchos adoran a varios otros dioses, santos y entidades y no entienden a alguien que tiene la fe en un solo Dios.

Así, convencieron al rey de firmar un escrito decretando que todo aquel que hiciera peticiones a cualquier dios o persona que no sea el rey sería lanzado a la cueva de los leones.
Daniel se enteró de ese decreto, pero, aun así continuó haciendo sus oraciones.
Claro que Daniel tuvo miedo.
Todo ser humano tiene miedo.
Él podría haberse escondido o haber dejado de orar y negar su fe.
Pero, Dios nos da fuerzas para enfrentar el miedo, inclusive cuando todo parece estar perdido.

Con certeza, Daniel le tenía miedo a los leones (¿quién no tendría?), pero él tenía algo mucho más fuerte que su miedo, su fe en el Dios al que él servía.
Esa fe le daba la confianza “no importa lo que ocurra, vale la pena asumir la fe en mi Dios.”

El rey tuvo que lanzar a Daniel en la cueva de los leones y pasó la noche despierto, angustiado por lo que había sido obligado a hacer.
A la mañana siguiente, el rey fue a la cueva y, con voz triste, preguntó:
“Daniel, ¡siervo del Dios Vivo! ¿Acaso tu Dios, a quien tú continuamente sirves, pudo librarte de los leones?”


Él no esperaba respuesta, pero su corazón disparó cuando oyó la voz de Daniel, contando que Dios envió a un ángel y cerró la boca de los leones, porque vio que él era inocente. 


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